Elías Vivancos

Elias

Un soñador con los pies en la tierra

 

Tal vez por ser el mayor de los seis hermanos que conforman este grupo de bailarines, acróbatas y músicos, es el que ve con mayor objetividad es- tos diez años recién cumplidos con Los Vivancos. Elías se define soñador y un poco romántico. Pero la verdad es que gracias a los ideales que persigue ha abanderado el claim “Nada es imposible” que llevan como estandarte estos artistas de élite. “Tengo un ideal romántico del mundo y eso se refleja bastante en los espectáculos. Siempre llevo las ideas más drásticas para que luego los demás, sobre todo los que son más pragmáticos, les den forma”. Como toda la saga Vivancos, Elías tiene un currículum nada despreciable. Titulado en la escuela de arte creada por su padre, la “Quántico Inde- pendent School” (Vancouver) y en el Conserva- torio Profesional de Danza “Instituto del Teatro” (Barcelona), Elías sigue completando sus estudios con la prestigiosa escuela de danza “Netherlands Ballet Theatre” (Holanda) y en la reconocida escuela flamenca “Amor de Dios” (Madrid).

Las Vegas, Tokio, Alemania, Holanda, Australia, España, EEUU o Nueva Zelanda, son sólo algu- nos de los países que han aclamado su arte en las diversas disciplinas con las que ha actuado como un auténtico maestro. Bien como violonchelista principal en la Okanagan Symphony Orchestra o como bailarín principal, y director artístico del espectáculo flamenco “Gypsy Soul”, entre otros.Ya son diez los años que dan vida a este grupo artístico y Elías recuerda sus comienzos con nostalgia y mucho orgullo. “Nos encontramos en un momento muy decisivo de nuestra carrera. Parece que cuando llevas más años es más fácil y no es así, es más exigente. El haber nacido bajo una disciplina artística como en la que nos educó nuestro padre nos ha hecho que los principios sean sólo una expresión de todo lo que hemos aprendido,pero llega un punto en el que tienes que renovarte y crear cosas nuevas.

Cada uno de los componentes de este grupo artístico toca un instrumento y la elección de éste en ninguno de ellos es aleatoria. A Elías le acom- paña el chelo desde lo seis años. “Mi padre solía tocar el piano y la guitarra, pero un día se compró un chelo. Yo por aquel entonces le miraba y admiraba su forma de tocar. Un día me preguntó si quería que me comprase un chelo y cómo no, le dije que sí. Mi madre empezó a tocar el chelo conmigo y a acompañarme en las clases durante los primeros años, hasta que después de cuatro años mi afición por este instrumento se convirtió en algo que ya formaba parte de mí”. Si a alguien le definieran como “los siete magníficos” o “siete prodigios de la genética”, incluso “bailan como ángeles profanos”, uno pensaría que hablan de héroes sobrenaturales, estos son algunos de los carteles que les han caído por el mero hecho de ser excelsos en lo que hacen. Pero tras esa disciplina, precisión y amor por su trabajo se encuentra un hombre sencillo que no se queda en el halago porque como él bien dice, “sólo sirve parahincharte el ego y no dejarte avanzar”.

Tal vez y sólo tal vez, un día la historia de la danza los recuerde como lo que son, como lo que han conseguido, al menos se convertiría en realidad uno de los sueños de Elías. “Me encantaría dejar un legado. Tal vez suena muy arrogante pero esto mismo es lo que dije siendo un mocoso a la directora del conservatorio. Esta me comentó que tenía que bajar un poco mis metas para no decepcionarme. Humildemente sigo pensando lo mismo, me en- cantaría poder dejar una huella”. Por el momento, huella literaria ha dejado, pues es autor de “Crónicas Vivancos”, y de muchos más libros, poemas y relatos cortos, que como tantas veces quedan acumulando polvo en un cajón distraído de casa.

Pero a más corto plazo, quizá en el aniversario de los 20, haya una escuela Vivancos, donde la música, las artes marciales y la danza tengan cabida. Donde se reproduzca de algún modo lo que su infancia les dio y quizá, por qué no, servir de referencia para las nuevas generaciones de artistas.