Israel Vivancos

Israel Vivancos

La tímida potencia

Su imponente físico puede llevar a confusión, pero Israel Vivancos es pura serenidad y timidez. Diez años después de subirse a los escenarios junto a sus hermanos con el primer espectáculo, las millas que lleva a sus espaldas han marcado su crecimiento personal: “Ya no soy el Israel veinteañero que se tiraba a la piscina de cabeza, sin pensar. Hoy me sigo queriendo comer el mundo, pero en la vida antes de correr hay que aprender a andar, y antes de andar hay que saber cómo levantarse”. La mezcla de talento, agilidad y resistencia que proyecta en cada actuación le convierten en uno de los miembros más potentes de Los Vivancos. Tanto, que incluso posee un Guinness World Re- cord al zapateado más rápido del mundo: 1.317 golpes, unos 22 golpes por segundo. “Siempre he sido una persona con mucha fuerza, cuando quiero algo le pongo muchas ganas, mucho ímpetu”, explica. Una fuerza que ya le hizo destacar desde pequeño. A los 11 años tuvo la oportuni- dad de entrar en la escuela del Cirque du Soleil, sin embargo, decidió terminar sus estudios en la escuela de danza que fundó su padre en Canadá, y completarlos en el Nederland ́s Ballet Theatre de Holanda. Tras tocar con la Junior Symphony Orchestra de Amsterdam y ser bailarín solista recorriendo EE.UU., se titula en el Conservatorio Profesional de Danza del Instituto del Teatro de Barcelona. Sin duda, uno de los grandes hitos en su trayectoria profesional lo alcanza a los 22 años, cuando la compañía de Joaquín Cortés le ficha como bailarín solista del espectáculo “De Amor y Odio”, que le llevó a actuar en los teatros más importantes de Rusia, Bélgica, Italia, Ucrania… “Viví este periodo con la máxima intensidad y traté de aprender todo lo que pude. Hay que saber aprovechar las oportunidades que te da la vida”. Esta experiencia modernizó su formación de flamenco clásico, a la que añade la dificultad de moverse y tocar la flauta sin perder una sola nota o la respiración, algo que muy pocos pueden conseguir. Israel recuerda con cariño cómo eligió este instrumento: “Un día mi padre se presentó con un montón de ellos y nos preguntó ¿cuál queréis tocar? Yo tanteé el violín, el piano, el chelo, el saxofón… y al final me quedé con la flauta”.

Si no fuera un bailarín y músico multidisciplinar de élite, Israel podría ser futbolista, de élite claro. “Me apasiona, pero solo puedo verlo, no juego para evitar lesiones”, confiesa con cierta pena. Su vía de escape la encuentra en el gimnasio, al que dedica una media de 3-4 horas diarias, y en el ajedrez. “Juego mucho con mis hermanos, porque somos muy competitivos. Buscamos cualquier excusa para ponernos a prueba, pero siempre de una forma sana”, cuenta. La relación con ellos ha evolucionado mucho, algo que Israel valora de forma muy positiva: “Una cosa es conocer a tus herma- nos desde la relación familiar y otra en el trabajo, porque ya tienes que hablar de dinero, convivir 24 horas juntos, viajar… Todo cambia, pero para bien. Nos entendemos ahora mucho más”.

De esa relación tan estrecha y tan auténtica surge un espectáculo, Nacidos para Bailar, “con un mensaje completamente real y puro”. Los herma- nos Vivancos ofrecen lo mejor del ballet, del flamenco, de las artes marciales y de las acrobacias; la iluminación de un concierto de rock y la banda sonora de una película de Hollywood. Con estos componentes, a Israel no le sorprenden muchas de las reacciones y comentarios que reciben del público una vez cae el telón: “Me encanta cuando personas de 80 años nos dicen ‘me siento joven, me apetece irme al gimnasio o a correr’. Salen eufóricos, con ganas de bailar, de disfrutar de la vida… ¡Eso es lo mejor!”. Una recompensa justa a un esfuerzo de casi 2 horas de duración. “Cuando terminamos me siento vacío porque lo he dado todo. Casi de forma literal, porque adelgazamos unos 2kg en cada actuación”. En ese momento la nevera se convierte en su único objetivo: “Llegamos con mucha hambre, pero siempre comemos muy sano, ¡eso sí!”.